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No, RK no es mío (Repito: ¡qué más quisiera yo!)

 

No tienen IDEA de lo DIFÍCIL que ha sido terminar este capítulo. Pero me falta escribir sólo el siguiente. Todo lo demás está listo para publicarse...

¡IUPI!

 

Aclaro: GRAN parte (Y no todo) de la descripción de la pelea Kenshin/ Enishi corresponde a las traducciones de Maigo –chan. Las escenas están BASADAS en esas traducciones pero NO SON copia fiel de las mismas. Las de Asiyah son OBVIAMENTE producto exclusivo de mi pluma (Y se nota... caray, son lamentables..).

La descripción de las técnicas como siempre  a cargo del sitio Kenshin-gumi http://studiounmei.org/kenshin/waza/index.shtml y del miembro de Staff  Shishio Makoto shishiom@aol.com

 

Nota adicional: Gran parte de los acontecimientos en el dojo están narrados desde el punto de vista de Enishi.

POR FAVOR No se pierdan el FANTÁSTICO dibujo de Asiyah y Enishi hecho por Piyasayo (Guadalupe). Lo pueden ADMIRAR en

http://www.mediaminer.org/fanart/view.php?id=35666

 

Veanlo porque está ESPECTACULAR. Mil Gracias Guadalupe!

 

¡¡¡¡¡¡¡¡¡GRACIAS A TODOS POR DEJAR SUS REVIEWS!!!!!

Sigan acariciando mi ego...

 

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Lo primero que la golpeó fue el hedor. Una nauseabunda mezcla de azufre y carne en descomposición quemándose poblaban el lugar.

Luego, el lejano eco de metal contra metal, que anunciaban una feroz batalla llevándose a cabo en algún lugar

 

Miró hacia atrás. Sus cuatro acompañantes no la habían abandonado.

 

El lugar se hallaba en penumbras, una fantasmagórica luz irreal, que casi se pegaba a uno trepaba por el ambiente, ominosa, convirtiendo hasta sus simples sombras en algo amenazador.

 

El crujir de los huesos bajo sus pies anunciaba su presencia.

Sabía que no había manera de tomar a Azazel-Shishio y los suyos por sorpresa.

Su irrupción era demasiado notoria, aún utilizando los más poderosos conjuros para garantizar su ‘invisibilidad’ a los sentidos de los demonios. Seguramente, los estaban esperando.

 

-         Búsquenla y libérenla si llegan a ella antes que yo. Vengan a mí cuando la encuentren, tanto si consiguen rescatarla como si no. Divídanse, así cubriremos más territorio en menos tiempo. Cuanto más rápido hagamos esto, más posibilidades tendremos de conseguir el éxito- Asiyah se dirigió a tres de las figuras- Tú, el de la espada, quédate a mi lado.

 

No sabía como había liberado a los siervos del libro, pero pensaba aprovecharlos  a su favor.

Existían cientos de galerías que recorrer, con miles de cámaras cada uno, un laberinto inmenso. Pero ella apostaba a que retendrían a Tomoe-san cerca del propio Azazel, sobre todo desde el momento en que su presencia  fuese notada. Eso significaba llegar hasta el centro de aquel plano. No sabía en cual de los siete se hallaba parada a ciencia cierta, pero debía ser sin duda uno de los primeros tres, probablemente el segundo o tercero.[1] Los aullidos de los atrapados allí no eran tan terribles como se esperaba de los planos inferiores.

 

-         Bien,  supongo que deberíamos empezar a explorar...

 

Y lentamente, seguida de la figura con la espada flamígera comenzó a desandar el dédalo de corredores.

 

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Los globos volaban bastante juntos. No le había costado trabajo instruirlos en su manejo, por fortuna.

La brisa jugaba con sus cabellos, mientras observaba catalejo en mano su objetivo, acercándose.

No cabía en sí de la impaciencia. Pronto, muy pronto, llegaría la hora. Ya estaban a poca distancia.

 

-         El tiempo para la Justicia Terrenal ha llegado... - musitó suavemente, mordiendo cada palabra.

 

Hoy asestaría sobre aquel bastardo, el golpe más devastador. Hoy lo hundiría en vida en el peor de los infiernos.

 

Un infierno en el cual él mismo había vivido por los últimos quince años.

Nadie excepto él y Gein conocían el verdadero plan.

 

Otowa, Banjin, Kujiranami, Mumyoui, todos ellos eran una mera pantalla de humo, y un cebo para despertar a Battousai. De nada valía la venganza si el culpable no estaba consciente de porque estaba siendo castigado. El asesino debía resurgir y recordar sus crímenes pasados para que la revancha tuviese sentido.

 

Hizo una seña a Gein, y este le respondió según lo acordado. Todo estaba listo y en orden.

 

Kujiranami comenzó a disparar hacia el dojo antes de estar realmente a tiro.

Pero no importaba.

Ellos sabían que venían. Era el anochecer del décimo día. El momento fijado en su declaración de guerra. No había necesidad de la sorpresa táctica.

 

-         ¿No es un poco temprano para que comience el ataque?- preguntó Gein, con un tinte de  preocupación en sus palabras

-         Déjalo. Lo han hecho bien hasta ahora. Que disfruten la gloria y tengan un poco más de diversión.

 

Kujiranami saltó del globo en pleno vuelo, cuando estaban encima del dojo, y apuntó el cañón incrustado a su brazo.

 

Enishi vio a Battousai anticipar el movimiento, y ayudándose en el peleador callejero que lo seguía a todas partes como perro faldero, se encontró con la mole de carne en pleno vuelo, derribándola inconsciente con una técnica del Hiten. Cruzaron miradas, y Enishi no pudo evitar que una perversa sonrisa anticipatoria se instalara en sus facciones

 

-         Bien... Eso es Battousai... muéstrame... - Enishi sintió el ki de Battousai elevándose, y alcanzar la cúspide haciendo que las tejas del techo a su alrededor se partieran cuando emitió su grito de batalla. - Sí... Perfecto... Excelente

-         La primera ronda fue para él... Pero en tanto Kujiranami tenga el cañón en su brazo puede acabarlo de un solo tiro

-         Magnífico... Veo que Battousai ya no tiene dudas respecto a luchar...

 

Enishi sonrió complacido.

< Cuanto más espíritu de lucha muestres, más destrozaré tu alma con mi perfecta Justicia Terrenal >

 

El luchador callejero estaba tratando de ayudar a Battousai contra Kujiranami. Blandió con gracia singular una antigua pieza de museo, un enorme y algo averiado Zanbatou. Enishi no pudo evitar pensar que era una pena tener que matarlo. Un hombre así hubiera hecho un magnífico aprendiz de su Watoujutsu... Aún con la carencia evidente de sagacidad, la fuerza y la valentía del chico eran admirables.

 

Finalmente, los ataques combinados de Battousai y el muchacho dieron cuenta de Kujiranami, pero pronto Banjin y Otowa, se unieron a la diversión.

 

< ¡Cuán apropiado! Músculo contra músculo por un lado, un cobarde contra mujeres indefensas y un niño por el otro... > pensó con ironía Enishi al ver a Banjin  enfrentado al peleador callejero y Otowa eligiendo su blanco entre la mujer de Battousai, la doctora y el mocoso que vivía en el dojo.

 

-         ¡Hey, allá arriba! ¡Gracias!- Otowa hacía referencia a sus nuevos y mejorados Tekkou, diseñados por la gente de Enishi en Shanghai, con los cuales estaba moliendo a golpes muy eficientemente al amigo de Battousai

-         Oh, ni lo mencione, compañero Otowa, siéntase en completa libertad de usarlos a su discreción...- respondió Enishi

 

Mientras tanto Battousai se había interpuesto entre el grupo que estaba en el dojo y Otowa.

 

-         Te equivocaste de oponente, vas a tener que pelear contra mí...

-         Oh, vaya, así que tú eres el famoso Battousai... Bien, creo que tu amigo te necesita- pero Battousai no se movió ni un paso- ¿Qué? ¿Acaso vas a dejar que tu amigo muera?

-         Él puede hacerse cargo de la situación. Pero si yo dejo esta posición, acabarás con la gente que está en el dojo

-         ¿Y qué te hace pensar eso?

-         De alguna forma sé que eres esa clase de cobardes...

 

Enishi miraba desde su globo el desarrollo de la batalla, estudiándola cuidadosamente. Durante largo rato la situación siguió sin cambios.

 

-         El estúpido de Banjin solo ataca y Otowa solo espera... Esto no se ve bien...

-         Ahá.. La acción y la calma extremas han producido un estancamiento en la batalla... El curso de acción que Battousai decida tomar determinará el rumo de la lucha... Bien, Gein-san le dejo eso a Ud.

-         Bien el momento de hacer mi movida ha llegado...

 

El anciano maestro titiritero cortó las sogas que sostenían la canasta donde viajaba al globo, y la cesta cayó, estallando al impactar. Cuando la nube de humo se disipó, reveló a Gein sentado sobre el hombro de una nueva y mejorada versión de Iwanbou

 

-         ¿Qué no es ese uno de los Juppongatana que atacó el Aoiya?- comentó el chico

-         Así que de eso se trataba... - musitó la mujer de Battousai-  por eso los ataques rebotaban contra él... Kenshin, no es una persona, se trata de alguna especie de armadura... ¡Ten cuidado!

-         Así que eso es lo que Gein estaba construyendo en el sótano... – Mumyoui miró a Enishi con un dejo de sospecha en los ojos- ¿Era solo eso?

-         No me importa lo que digas, sólo sé que Gein hizo algo genial para nosotros.- Otowa reía entre dientes- Ahora sí que vamos a patear unos cuantos traseros...

 

Finalmente, Battousai  fue forzado a hacer su jugada y enfrentó a Otowa, dejándolo imposibilitado para atacar a las mujeres. Pero hizo una jugada aún más sorprendente: dejó a cargo al niño para enfrentar a su afeminado contrincante.

 

-         Yahiko, hazte cargo

-         Confía en mí, Kenshin.

-         Veo que has hecho tu elección... Mmmm, es una pena. El muchachito parece valiente y es fuerte. Siempre te gustó tener niños alrededor, pero este no vivirá para que lo veas crecer. Lo lamento, chico, no me gusta matar críos, pero es Battousai el que me pone en este predicamento... Tenlo presente cuando Otowa acabe contigo, mocoso...

-         Bien Battousai... Es nuestro turno... – dijo Gein

-         Desgraciadamente no tengo tiempo para jugar con muñecos... Estoy esperando al que está arriba nuestro ¡Enishi!- gritó Kenshin- He tenido suficiente de ti mirando desde arriba, en ese globo... ¿Por qué no bajas y arreglamos esto tú y yo de una vez?

-         No grites... Podrías despertar a tus vecinos... – Enishi sonrió complacido, el tono irónico logró enfadar más a sus contrincantes- ¿Quieres que baje? Battousai, parece que no te das cuenta de la verdadera situación... Tú no estás en posición de ordenarme. Voy a aclararte las ideas, por si te quedan dudas. Tú miras hacia arriba, y yo hacia abajo, tú eres el acusado, y yo el juez. Y soy el que traerá la justicia sobre ti por todos tus pecados cometidos como Hitokiri. Por la sangre de mi hermana, que derramaste a sangre fría... Pero pierde cuidado, que cuando no te queden oponentes, bajaré. Y nos enfrentaremos.

 

< Y entonces te haré pagar con mi Justicia Terrenal por mi propia mano... Nadie podrá robarme ese placer> pensó Enishi

 

-         ¡Tú, ténlo presente!- gritó el amigo de Battousai- Un hombre de verdad no se retracta de su palabra.

-         No hay necesidad de frases gastadas para insultarme. He dicho que bajaré y lo haré. Pero primero Battousai, no debe quedar ninguno de tus contrincantes en pie.

-         ¿Escuchaste Yahiko? Cada uno de nosotros debe hacerse cargo de uno de esos estos payasos. Tú ocúpate del travestido, yo me hago cargo de este ‘blandito’...

-         ¡Perfecto!- contestó el niño

-         ¿A quién llamaste ‘blandito’? ¡Voy a acabar contigo!- Banjin estaba furioso

-         ¡Hey, mocoso! ¡Hora de morir!- Otowa miraba con desdén y suprema confianza al chico

-         ¿Battousai, terminaste de hablar con tus amigos? ¿Comenzamos?

 

Enishi sonrió desde su posición en las alturas. Una batalla en tres frentes... Bien, cuanto más caos se desatara allá abajo, mejor saldrían sus planes... Miró al costado. Como siempre, la reconfortante presencia de su hermana flotaba a su alrededor, sonriendo, susurrando en la brisa de la noche cuan agradecida se sentía con él.

 

-         Y espera a ver lo que le aguarda al maldito... Sufrirá tanto como tú sufriste, como yo sufrí... - musitó

 

Mumyoui lo miró desde su posición, oculto en la cesta de su globo. Sacudió la cabeza. Otra vez hablando solo... Sólo esperaba que las cosas saliesen como hasta ahora, y esa ‘locura’ no les ocasionase problemas. Tampoco le importaba demasiado. Cuando llegase la hora, el demente de cabellos blancos estaría tan muerto como Battousai.

 

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Azazel-Shishio, seguía sentado en su trono, rodeado de sus seguidores más fieles.

También estaban allí sus ‘ilustres invitadas’ Yinniyeh.

 

Sobre una mesa, se podían ver las posiciones desplegadas por las fuerzas de Shishio y los ejércitos leales a Iblís, el actual y casi derrotado amo de los Infiernos.

 

Pero lejos de estar feliz, Shishio reprimía a duras penas su ira.

 

-         Ya está aquí...

-         No puedo creer que lo haya logrado...

-         Creo que fue un error no haber acabado con ella antes...

-         La culpa es exclusivamente de Uds.

-         No podíamos saber que se trataba de una Marid, ni de las interferencias de éstos en nuestros planes...

-         Este juego ha llegado demasiado lejos. Yumi, hazte cargo de la hermana del Tigre. Sin ella, todo lo que la Yinniyeh haga será  en vano. Yo me ocuparé  personalmente de ella. Y luego de acabar con ambas, seguiremos nuestra marcha triunfal.

 

Yumi asintió y con una sonrisa nerviosa se retiró, a cumplir con su cometido. No pudo dejar de pensar que la arrogancia de Azazel volvía a ponerlos en peligro. Si tan solo la hubiese escuchado antes... Pero, ya era tarde. Y además, todo saldría bien.

 

-         ¿Crees que es sabio?- Preguntó una de las Venerables, revolviéndose nerviosamente en la silla-  Asiyah esta suelta... Y no está sola...

-         Si no confías en que pueda hacerlo, puedes acompañarla.

-         Seguiré el consejo. Demasiadas cosas han salido mal en estos últimos tiempos, como para correr riesgos.

-         Ella tiene razón, Azazel. Te confías demasiado en tu poder y en que estamos aquí contigo. Deberías prepararte

-         Aún con sus ayudantes, aún si estuviera plenamente conciente de sus poderes, no están lo suficientemente desarrollados ni fuertes. La destrozaré lentamente. Y créanme, será un placer hacerlo.

 

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El impertinente simplón que le habían asignado como nuevo ayudante, irrumpió sin ceremonias en su despacho. Su gruñido bajo y la mirada ambarina feroz ante la intromisión, detuvieron al hombre en seco.

 

-         ¿Qué?

-         Jefe... El tipo de Shanghai... Está atacando la  casa de Battousai...

-         ¿Cómo no me informaste antes de sus movimientos? Teníamos las rutas, el tren, el puerto, todo cubierto... ¿Cómo llegó sin que lo supiéramos?

-         Todo menos el cielo... Jefe, están usando globos...

-         No sé por qué no me extraña... Debí haber previsto esto del tipo que proveyó a Shishio con su barco artillado... - La alta figura del Miburo se levantó de su asiento tras el escritorio y tomó su espada japonesa. – Entonces tal vez los rumores respecto a que Battousai tuvo una esposa a la que mató con sus propias manos sean ciertos... Y éste es su cuñado dispuesto a cualquier cosa para obtener su venganza... Muy interesante... Pero los problemas familiares de Battousai son suyos. Yo solo quiero la cabeza del traidor.

-         Jefe... antes de regresar aquí logré entrar a la casa... Tengo lo que recolecté allí afuera... Hay cosas muy extrañas...

-         Dame los detalles en el camino. Vamos al Dojo Kamiya

 

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A lo largo de los corredores hediondos, cubiertos de huesos, sangre seca y podredumbre, se había topado con algunos hombres de las huestes de Azazel-Shishio. Habían sido presas fáciles, ninguno de ellos constituía un reto, en ningún sentido, y se había bastado ella misma para acabar con los atacantes.

 

Aún así un sentimiento de nerviosa aprehensión se cerraba sobre su corazón cada vez con mayor fuerza.

 

Si bien el tiempo en los distintos reinos corría de maneras diferentes, estaba segura de que Enishi ya estaría atacando a Battousai. El tiempo apremiaba y aún no tenía pistas de donde hallar a Tomoe.

 

Una sombra se movió entre las montañas de huesos. Sus sentidos no estaban afilados, como los de Enishi, pero aún así pudo captar el desplazamiento a su izquierda.

 

-         ¡Mierda! Debí haber prestado más atención a eso del ki... -maldijo entre dientes. Por supuesto, ya no tendría oportunidad de aprender al respecto- Me confié demasiado en mi condición de Yinniyeh... Malo, Asiyah, muy malo...

-         ¿Tú eres la que preocupa tanto a Shishio? ¿? Vaya, pensar que me hizo dejar la avanzada contra Iblís por una cosita como tú... Bah, la verdad es que quiere quitarme mi momento de gloria....

 

Asiyah  se dio vuelta. Detrás de ella un hombre alto, de finos bigotes, con una especie de banda sobre su cabeza con un enorme ojo dibujado en ella y la frase ‘el ojo de la mente’ escrita en ella, la miraba con un par de impresionantes pupilas blanquecinas. En sus manos, un escudo y una extraña pica se movían amenazadoramente.

 

Evidentemente, había sido cegado en vida, pero en aquel plano debía ser un aliado de los demonios, un aprendiz de ellos en realidad, por lo que su vista estaría restaurada... Y aún mejorada.

 

Una herida de espada le atravesaba el pecho, seguramente la causa de su muerte.

 

-         Eres de la gente de Azazel... – No era una pregunta, sino un simple reconocimiento.

-         Bueno... sí y no... Él me regaló esto- y señaló sus ojos- Pero tiene probabilidades de triunfar aquí. Una vez que lo haga, esperaré el momento.  Y entonces será momento.

-         Ah, bien, veo que estás en el lugar adecuado... harás carrera aquí- dijo con sorna Asiyah- ¿Comenzamos? Pero antes... Dame tu nombre... Prefiero saber a quien voy a matar antes de hacerlo...

-         Para mí no tiene importancia... pero... Bien, me llamo Usui.

 

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Como esperaba, Inui y Otowa habían sido vencidos.

No era ninguna sorpresa en sí misma, porque  después de todo, era Hitokiri Battousai de quien estaban hablando. Había sobrevivido a los mejores espadachines del Bakumatsu, diez años de la Era Meiji y a Shishio. Ninguno de los dos payasos de allí abajo podían siquiera estar a la sombra de los anteriores.

 

Lo que sí lo desconcertaba era que ninguno de sus ‘compañeros’ había sido derrotado por el propio Hitokiri. Cierto era que ninguno hubiese durado más que unos pocos minutos frente a su ‘hermano’, pero el hecho de que un niño y un torpe ex gangster fuesen quienes los vencieran realmente lo turbaba.

 

El objetivo del ataque combinado siempre había sido agotar física y psíquicamente a Battousai, forzándolo a contemplar la destrucción de sus seres queridos, como él había sido obligado a observar impotente la muerte de Tomoe. Y en el proceso, crear la confusión necesaria para la segunda fase de su plan.

 

Si bien las cosas no estaban saliendo totalmente según lo planeado, las metas estaban siendo alcanzadas a pesar de todo.

 

Ahora era el turno de Mumyoui

 

-         Mire abajo, Yukishiro-san... Alguien se está uniendo al juego...

-         Veamos...- Enishi tomó el catalejo para observar más de cerca al recién llegado

 

Un hombre alto, de rasgos afilados, vestido en el uniforme de la policía, una incongruente espada japonesa a su cintura, fumando y con una mano en el bolsillo de su pantalón acababa de entrar al dojo Kamiya arrasado y en caos.

 

-         Es el mismo policía que acompañó a Battousai en Kyoto

-         Ah... Vaya... el Miburo en persona... Nada menos que Saitoh Hajime... Bien, será una delicia acabar con él después de terminar con Battousai. Dos pájaros con una sola pedrada... Mi venganza y el tipo que ha estado fastidiando mis negocios en los últimos tiempos, todo por el mismo precio ¿No es  magnífico cuando los negocios se mezclan con el placer?

 

Saitoh Hajime, el temido Miburo, echó una mirada al revuelto lugar.

En una esquina, junto al ahou Sagara, se encontraba la mujer doctor, atendiéndolo de las heridas de una indudable confrontación, mientras discutían acaloradamente.

 

< Como siempre... >, se dijo

 

Poco más allá, yacían otros tres cuerpos, incluyendo al mocoso que vivía junto a Battousai y la chica Kamiya. Dos de ellos eran evidentemente parte de los agresores. Aún respiraban, en consonancia con las actuales creencias de Battousai

 

< Qué pena... Ya veremos que hacer con ellos más tarde... >- una sonrisa irónica se dibujó en su cara

 

Como esperaba, se produjo la inevitable confrontación verbal con el ahou. En otra circunstancia, la hubiese disfrutado y extendido a costillas del pobre idiota. Pero ahora no tenía tiempo.

Como era de esperar, la mujer doctor que captó la situación como debía serlo, lo puso al tanto de lo que debía saber. Y con paso firme, se dirigió hacia donde Battousai se hallaba luchando, absolutamente conciente de ser cuidadosamente observado por el dandy del globo.

 

-         Si no vas a matarlo, quítate de en medio Battousai.

-         Pensé que había oído tu voz

-         No pareces sorprendido de verme, Battousai.

-         Encontrar viva gente que pensé que estaba muerta se esta convirtiendo en un hábito para mí, últimamente...- no pudo dejar que la ironía se trasuntara en su voz.

-         Imagino que sí.- El Lobo de Mibu captó el sentido del mensaje y sonrió.

-         ¿Por qué estás aquí?

-         Negocios y placer... Estábamos cerrando el caso del Shishio y buscábamos a quienes le habían vendido el Rengoku. Las pistas conducen al tipo que aún está en el globo, quien está intentando crear una organización de tráfico de armas desde Shanghai hacia este país. Como comprenderás, la existencia misma de ese hombre pone en peligro al Japón- luego de una breve pausa, una nueva sonrisa irónica se desplegó en su cara. Y dio la estocada final para humillar a su viejo adversario- Battousai, no sé que es peor, las compañías que frecuentas o la familia que tienes...

-         Así que vienes por Enishi...

-         Así es... Y sé que comprometió su palabra de bajar cuando terminases con todos tus oponentes y el único que queda es el fenómeno de ahí. Esto se ha convertido en una oportunidad y no voy a desaprovecharla mientras te encuentras sumergido en tu ridícula moralina.

-         ¿Quién es ese bastardo?- preguntó molesto Mumyoui

-         Ningún fenómeno tiene el derecho de llamarme así.

-         ¡Saitoh!- a pesar de ser un adversario, Kenshin no veía la razón para humillar a su contrincante, especialmente por las razones tan especiales que lo habían llevado a tener la apariencia que tenía.[2]

-         Los seres humanos utilizan su intelecto para saber cuales son sus límites. Los animales solo se guían por sus instintos. Pero tú le hechas la culpa de tus propios fracasos a los vencedores, sin darte cuanta que tu tiempo se acabó. ¡Tú, fenómeno, eres peor que los animales!- como esperaba, Saitoh sintió la ira de su contrincante elevarse en el aire.

-         Dame cinco minutos, Battousai, enseguida vuelvo contigo.

-         Cinco minutos es demasiado... Solo necesitaría tres para terminar con un fenómeno como tú.

 

Y la lucha comenzó...

 

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Dio un medio giro en el aire, justo a tiempo para evitar ser empalada en la pica, y mientras trataba de asentarse en tierra firme nuevamente, en un rápido  y violento movimiento, golpeó con la funda-bastón la parte trasera de la rodilla de su contrincante, haciéndole perder el equilibrio momentáneamente.

 

En tanto Usui caía hacia delante, ella aterrizaba firmemente. Esas fracciones de segundo preciosos hicieron la diferencia y antes de que el otro pudiera reponerse, su cabeza rodaba  a mucha distancia de su cuerpo.

 

Usualmente, solo era cuestión de tiempo para que en aquel sitio los cuerpos de los demonios y sus aprendices volviesen a recuperarse. Pero ella contaba con la espada del Shi Huangdi... El cuerpo de su enemigo se disolvió en una explosión de llamas.

Usui estaba condenado a vagar sin forma que contuviera su espíritu hasta el Día Final.

El colmo de las ironías, ya que ese había sido el castigo que había padecido por milenios Azazel-Shishio.

 

No había salido ilesa de la lucha, sin embargo. Pero el Siervo que la acompañaba, se apresuró a ayudarla y la herida sanaba rápidamente. Siguió su camino. En un recodo, le salieron al encuentro  los otros tres Siervos: Tomoe había sido encontrada y estaba en grave peligro. No había tiempo que perder.

 

-         ¡Tú! ¡Así que tú eres la culpable de la infelicidad de Shishio-sama! ¡No pude hacer nada en la lucha contra Battousai, pero hoy solucionaré este problema para mi señor Shishio!- De entre las pilas de huesos una figura vagamente familiar se asomó. Era Sadoshima Houji.

-         ¡Oh, ya cállate! ¿Dónde está el otro, el chico?

-         ¿Sou-chan? ¡Ese ingrato traidor! ¡Después de todo lo que Shishio –sama hizo por él! Se volvió débil, el maldito de Battousai logró confundir su mente con sus débiles y pérfidas estupideces sobre ayudar a los indefensos y decidió vagabundear por Japón para hallar la respuesta, abandonando a Shishio-sama. Pero Yumi dice que todo fue culpa tuya, que tú lo marcaste en Shanghai y desde entonces no era el mismo... ¡Y yo te haré pagar por eso y por todo lo que hiciste y estas haciendo en contra de Shishio-sama!

-         ¿Tú?- Asiyah no pudo evitar reír.

 

El chico hubiese sido un reto, pero ese patético aprendiz de demonio... Decidió utilizar al Siervo del libro que estaba a su lado.

No había tiempo que perder.

Sadoshima intentó detenerla, pero ella logró esquivarlo.

Y él quedo frente a frente con el Siervo...

 

Como los otros Siervos le habían indicado Tomoe-san se hallaba a un paso de ser arrojada al Abismo, y una vez allí, ya no habría forma de rescatarla.

 

-         Vaya pero que tenemos aquí... Pero si es nada menos que la putita del Tigre...

-         Es irónico que seas justo tú la que digas algo así...

-         Bueno, yo al menos no me engaño sobre mi condición...

-         Una vez te dije que te convertiría en polvo antes que a tu amo[3]. Hoy voy a cumplir con mi promesa.

-         Ya veremos... ya veremos...

 

Era evidente que  Yumi se traía algo entre manos.

Se encontraba sola, mientras ella contaba con los tres Siervos del libro y seguramente uno más ya en camino.

 

A diferencia de la lucha con Usui, esta era una batalla puramente mágica.

 

Por la proximidad de Yumi y Tomoe-san, no podía atacarla aún, solo defenderse.

La antigua hechicera tenía ahora sus poderes incrementados y era ya un demonio completo, producto evidente de su larga asociación con Shishio y su completa entrega a él. Sin embargo no tenía la fuerza ni el poder de Azazel.

 

Tenía que hallar la manera de alejarla de Tomoe-san.

Dos de los Siervos impedían a Yumi que pudiese arrojar a la hermana de Enishi al Abismo.

Ésta estaba ligada a algún maleficio y aunque la desesperación campeaba en sus ojos, no podía  expresar palabra.

 

Sabía que era una imprudencia, pero se lanzó hacia delante tratando de forzar a Yumi a moverse lejos de Tomoe... Y se topó con una pesadilla.

 

Las Venerables.

 

Le habían advertido de su alianza entre demonios y Yinniyeh, pero no había querido aceptarlo...

 

-         ¿Sorprendida? No deberías... Tuviste tus pistas, te dieron suficiente ayuda, y te dijeron esto con bastante claridad

 

‘Cuídate de todos y no juzgues sobre la base de lo que crees seguro e inamovible Sentirás la traición de quienes crees que son respetables e intachables...’- Asiyah recordó las palabras de Tomoe y la imagen de los hechiceros de las Islas se presentó clara en su mente-

Recibirás ayudas inesperadas en este camino, ayudas aún de quienes crees hoy que son tus enemigos. Todo puede ser exactamente al revés de cómo te lo figuras.’

 

Y luego el hechicero, en Shanghai...

 

‘Después de tantos milenios de dejar a los humanos sobre la tierra ¿Qué han hecho con ella? Es hora de librarse de una especie tan dañina... excepto de algunos fieles ayudantes como yo, claro está, y conquistar toda la tierra, ¡demonios y Yinn unidos por primera vez en más de diez milenios! Ninguna de las tres bestias místicas que caminan la Tierra en esta parte del mundo debe despertar para convertirse en Protector, y en eso están de acuerdo Yinn y demonios. Este plan ha surgido desde el nacimiento de estos seres. Al principio, se les dieron vidas duras, se les abandonó a su suerte y sin familia, esperando que la crueldad de los humanos los matase. Tú sabes, matarlos directamente hubiera producido un desastre en nuestros reinos... Además de despertar la maldición sobre todos los responsables. Nadie deseaba arriesgarse... Cuando eso no funcionó, se los reunió con eventos que los hicieron odiarse entre sí tanto que jamás podrán unirse bajo el mismo estandarte para enfrentarnos. Su destino está echado. Ni tu Tigre, Enishi, ni el Lobo ni el hombre mitad Dragón mitad Yinn sobrevivirán hasta el próximo otoño. Se matarán entre sí.

 

Todo encajaba a la perfección.

La peor traición, todo su mundo vuelto al revés...

Ya no solo la vida de Enishi estaba en juego.

No podía fracasar. Había demasiado que perder...

 

 

-         Todo fue arreglado de antemano por Uds. Y son Uds. quienes desean eliminar a las Bestias para exterminar a los humanos y  dominar la Tierra... Fueron quienes me entregaron al hechicero... Sólo Uds. podían saber las palabras que me aprisionaron...- la voz de Asiyah tenía una nota de honda amargura.

-         Veo que tienes excelente memoria, niña.- dijo una de la Venerables, la mayor- Es  una verdadera lástima que hayamos tenido que llegar a este punto.

-         Si sólo hubieses obedecido y hubieses dejado morir al Tigre...-los ojos dorados de la segunda anticipaban la dura lucha que le aguardaba a Asiyah.

-         Hoy no morirías tú, ni quedarías prisionera aquí por la Eternidad...- terció la última

-         Además. Él no habría sufrido tanto como lo que aún le espera...- intervino nuevamente la mayor

-         Uds. tres son los seres más abyectos que he conocido... ¿Cómo pudieron haberse vendido así?

-         ¿Y por qué no? ¿Por qué seres inferiores como los humanos deben regir la Tierra?- Fu Zhi, la mayor y más poderosa de las tres Venerables, volvió a hablar.

-         Porque es la Orden del Gran Constructor. ¿No han aprendido la lección? ¿No han sido testigos Uds. mismas de las consecuencias de la desobediencia sobre nuestra gente? ¿Van a volver a condenarlos a la Ira del Constructor? ¿ Y que nos sucederá esta vez? ¿Nos extinguirán?

-         No tienes salvación, niña, te has corrompido al estar en contacto con esas despreciables criaturas...

-         Hasta hueles a humano...

-         Los prefiero a ellos que a Uds. que han traicionado todo aquello por lo cual nuestra gente ha vivido.- Asiyah se sentía asqueada.

 

Había pasado décadas considerando a esas tres mujeres como seres respetables que luchaban por mantener el orden y el bienestar para su gente. Y ahora comprobaba que los estaban conduciendo al abismo.

 

-         No tiene caso seguir hablando... - dijo Fu Zhi

-         Es cierto.- respondió Asiyah, y tomo posición, la espada del Shi Huangdi en alto- Quítense del medio, viejas brujas, o lo lamentarán. Porque hoy yo he venido a detenerlas de una vez y para siempre.

 

8*8*8*8*8

El último compañero había sido derrotado, tal como había previsto, solo que no había sido Battousai sino el Miburo el que se había ocupado de él, librando a su enemigo de mayor desgaste. No importaba, Battousai estaba suficientemente desgastado física y psíquicamente, listo para recibir el golpe final.

 

Mumyoui yacía quejoso sobre el patio del dojo, la gente de Battousai y el policía que lo había vencido a su alrededor.

 

-         Yatsume, si después de recuperarte aún deseas luchar conmigo, ven a buscarme.- dijo Battousai- Y si es así, sólo será entre tú y yo. Y donde desees. Pero yo preferiría que en tanto pudieses, vivieras y ayudases a tu gente en el Norte, en Hokkaido. Si puedes manipular la tierra con tanta soltura, seguramente serás de gran utilidad para ellos y serás su gloria y honor. Megumi-sensei, por favor cuide de sus heridas...

-         Por supuesto.

-         Siempre supiste dar discursos Battousai. Deberías considerar una carrera en la política...  ¿Crees que conseguirás convencer con tu palabrería barata al general que esta en el cielo para que baje? Bien, veremos. Tal vez esta sea la pelea en serio...

-         Eh, tú, el fenómeno de cabello blanco allá arriba, ya terminamos con los cinco. ¡Prometiste bajar!- el peleador callejero estaba de buen ánimo, confiado en que Battousai lo derrotaría.- ¿Qué se siente estar a punto de ser aplastado por el mejor espadachín de Japón?

 

Enishi sonrió. Ninguno de ellos conocía sus capacidades, ni sus técnicas...

Aminoró el suministro de calor del globo, e inició lentamente el descenso.

Era su turno.

 

-         Se mueve- dijo la mujer doctor- ¡Esta bajando!

-         ¡Ya era hora!- el hombre conocido como Sagara Sanosuke dijo con sorna

 

Sin dudas, no estaría tan ansioso si supiera lo que le esperaba a su amigo.

 

Después de quince años, el momento había llegado al fin.

Quince años de dolor, de soledad, de sangre y horror estaban a punto de concluir.

 

Su venganza estaba al alcance de su mano.

Por fortuna, Gein había sobrevivido al Amakakeru Ryuu No Hirameki, y aunque la armadura / títere de Iwanbou había quedado absolutamente destruida e inservible, su ‘sacrificio’ le había dado la ventaja de poder estudiar con anticipación el ataque más eficaz de su enemigo.

 

Era poderoso, sin duda, pero mucho menos temible de lo que cabía esperar. Su Zetsugi[4] lo quebraría indudablemente.

 

-         Kaoru-dono, mi espada por favor.  Lucharé para proteger el futuro

 

<Tomoe... Cuanto lamento esto...  >- a pesar de su reticencia, Kenshin estaba realmente decidido a luchar por un futuro mejor.

 

-         Kenshin... Sea  cuales fuesen las tragedias y cosas duras que pudiesen haber ocurrido en esta nueva era realmente... espero que todos nosotros podamos ser felices... - la voz de Kaoru era temblorosa

-         Kaoru-dono, la nueva era acaba de comenzar

-         ¡Vamos, Kenshin! Terminemos con esto- Sagara parecía muy seguro de que todo terminaría en pocos minutos

-         ¡No importa lo que suceda, yo te arreglaré!- la mujer doctor sacudió optimista su maletín

-         ¡Vamos!- Sagara se dirigía a Saitoh Hajime- Tú también dale alguna palabra de aliento...

-         ¿Yo? Oh, bueno... Haz un esfuerzo...

-         No... pierdas- el mocoso que derrotara a Otowa hizo un esfuerzo por levantarse- si lo haces... te golpearé...

-         Yahiko, descansa... Mañana estarás practicando como de costumbre...

 

La sonrisa de Enishi crecía con cada nueva muestra de apoyo que su enemigo recibía.

 

<Tanto mejor... el efecto será mucho, mucho, mucho más devastador... >

 

Gein hizo el gesto convenido. Todo estaba listo y en su lugar...

Puso pie en tierra, anticipando, ansioso.

El último acto de la tragedia estaba a punto de comenzar...

 

8*8*8*8*8

Se detuvo, apoyada en la funda-bastón, nubes de vapor saliendo de su boca, la respiración agitada por el esfuerzo, goteando sangre por todo su cuerpo...

 

Solo quedaba Yumi, en mejor estado que ella misma, y una de las Venerables, esta última agonizante. En pocos minutos moriría, siguiendo a las otras dos en su destino.

De su lado, tres de los Siervos habían sido encerrados en el Libro nuevamente, debido a las heridas recibidas. Únicamente permanecía el de la Espada Flameante, que protegía a Tomoe.

 

Apretó los dientes. El pronóstico no era bueno, nada bueno...

Estaba cansada, herida, y aún no había logrado rescatar a Tomoe. Pero como si eso fuese poco, ni siquiera había cruzado palabra con el verdadero enemigo.

Sabía que sería imposible sacar a Tomoe de allí sin enfrentarlo primero.

Y para ello, todavía tenía que pasar sobre Yumi.

 

La compañera de Azazel –Shishio, a pesar de hallarse en mejor situación, tampoco parecía complacida. La mujercita realmente les estaba causando un gran dolor de cabeza.

Era cierto que de todas maneras las Venerables no hubiesen regresado vivas a su Reino de aquella excursión, y en cierta manera la chica solo les había facilitado las cosas y hasta dado un motivo para inflamar las pasiones de los vengativos Yinn del Oeste y lanzarlos en una guerra sobre los de las Islas y los humanos en general... Pero aunque la Yinniyeh estaba herida y tres de sus  ‘ayudantes’ habían sido derrotados, aún constituía un enemigo formidable. Si querían que el plan de Shishio-sama funcionase, debía acabar con ella en ese instante.

 

No podía por los medios tradicionales. La  Yinniyeh no solo tenía la espada, que la haría pedazos si la tocaba, sino que además su magia era muy superior a la suya propia, como había comprobado al verla destrozar a las Venerables.

 

Era evidente que si bien la chica no estaba consciente de lo que realmente era, estaba tan determinada y desesperada que convocaba sus poderes sin quererlo.

Aún con todas sus nuevas capacidades, no era rival para la mujercita pelirroja. Solo Shishio-sama podía enfrentarla con éxito. Pero no importaba, al menos la heriría aún más, para que el trabajo de Shishio-sama fuese más sencillo.

 

Giraron una alrededor de la otra, la mujercita ya dispuesta a terminar con ella...

Yumi atacó, y ella rechazó todos y cada uno de sus intentos con  cada vez mayor facilidad.

Era evidente que la Yinniyeh no solo se estaba volviendo más hábil en el manejo de sus capacidades, sino que  se estaba haciendo más fuerte, a pesar del cansancio y las heridas.

Pudo alcanzarla en varias oportunidades, pero no fueron suficientes. Al final, la antigua hechicera yacía hecha un guiñapo a los pies de la chica.

 

Asiyah, ya no perdió tiempo. Con ayuda del Siervo restante, rescató a Tomoe de las puertas del Abismo, y la liberó

 

-         ¿ Que pasó con Enishi? ¿Por qué lo dejaste para venir por mí?

-         No hay otra forma de salvarlo. Ellos lo alejaron de mí, tú eres la única que puede evitar que se convierta en Destructor y aniquile a Kenshin a los suyos y posiblemente a la tercera Bestia Mágica.

-         ¡No saldrán de aquí! ¡Shishio-sama no lo permitirá! El ya viene en camino

-         ¡Debes irte ahora!- Le dijo Asiyah a Tomoe. Las palabras de Yumi eran ciertas, podía sentir al demonio acercándose rápidamente. Debería estar lista para defender el escape de la Triste Dama de Blanco- Siervo, llévatela y protégela, y muéstrale el camino a la esfera que le corresponde

-         ¡Asiyah!

 

La Yinniyeh eligió ignorarla, y el Siervo cumplió su orden, llevándosela consigo.

Quedó a solas con Yumi finalmente. Tenía que cumplir con su tarea.

 

-         Lo lamento... - Asiyah estaba a punto de descargar el golpe de gracia sobre la mujer demonio

-         ¿Por qué? ¡Guárdate tu conmiseración para las patéticas criaturas a las que proteges!-siseo Yumi

-         No te miro con lástima, ni con misericordia. Haré lo que debo. Sólo que te comprendo. Hemos sido puestas en el mismo lugar, aunque en bandos opuestos. Tú estas haciendo todo para favorecer y proteger a quien amas, y yo también. Por eso, no tienes mi lástima, sino mi respeto y admiración

-         Eres tan molesta, niña... Me hubiese ahorrado tantos dolores de cabeza si hubiese acabado contigo y tu hombre en Shanghai...

 

Shishio apareció arrastrando a Tomoe por la muñeca. El último Siervo había sido derrotado. Asiyah sabía que ahora estaba completamente sola. Y con toda las posibilidades en contra.

 

-         ¡Shishio-sama!- una luz de esperanza apareció en los ojos de la antigua cortesana

-         Aguanta un poco Yumi, en cuanto acabe con este insecto te devolveré a la normalidad. – El demonio volvió a acercarse al Abismo, con Tomoe aún tras de sí y le espetó a la Yinniyeh:- aléjate de Yumi.

-         Era tiempo que aparecieses... – dijo Asiyah- Estás soñando si crees que confiaré en ti. Deja primero a Tomoe-san, y yo dejaré a tu mujerzuela.

-         Un simple empujón y tu viaje habrá sido inútil...

-         Un simple roce con la espada y estarás solo el resto de la Eternidad... – Asiyah mantenía su arma a escasísimos milímetros del cuello de Yumi

-         Bien... Ve con tu amiga... -Asiyah se alejó de Yumi en cuanto Tomoe estuvo a su lado, la hizo ponerse detrás suyo, en posición de defensa-  No importa, solo postergas lo inevitable para las dos... sabías que no iba a ser fácil sacar a tu amiga de aquí... No tienes ninguna oportunidad contra mí aquí... En fin, lo cierto es que cuando uno quiere que las cosas sean bien hechas, es uno mismo quien debe hacerlas... Yumi, ¿puedes seguir controlando al Tigre?-

 

Ante la respuesta afirmativa de la herida mujer, Shishio sonrió

 

-         Empecemos entonces... Tengo que ir a terminar la conquista del Reino de los Demonios y estoy un poco atrasado con mi tiempo.

 

 

8*8*8*8*8

 

Finalmente, estaban frente a frente, después de tantos años.

 

Una tenue Tomoe con solemne expresión en el rostro parecía estar en medio de ambos mientras los demás estaban a cierta distancia. No podían oír lo que decían.

 

-         No hace falta que te pregunte de nuevo. He visto que estás listo para el combate.

-         Es cierto. Lucharé con toda mi fuerza. Y encontraré la respuesta de cómo hacer penitencia por mis faltas como Hitokiri y por matar a Tomoe.

-         Si esa es tu respuesta, es exactamente como imaginé que sería. Lo lamentarás Battousai, porque he elegido la más cruel forma de venganza contra ti.- Enishi hizo una pausa- Pero primero, te haré probar algo de dolor. Dolor como el que sintió mi hermana cuando fue hendida por ti. Aquí y ahora empieza mi perfecta Justicia Terrenal.

 

Enishi se quitó la chaqueta y empezó a desatar las ligaduras que mantenían oculta su espada.

 

-         Cuando nos encontramos en el puente Shinonome te dije que cuando este día llegase, te mostraría mi otra destreza, no la de traficante de armas. Obsérvame cumplir mi promesa.

 

Desenvainó su enorme espada, y con mortífera gracia y precisión jugó con ella , dejando que una sonrisa anticipatoria  se le subiera a los labios, mientras escuchaba los comentarios de los amigos de Battousai, que se habían acercado hacia el lugar en el que estaban.

 

-         Es lógico, viene de China trajo una espada china.- sintió decir a la mujer doctor

-         No, la empuñadura y la forja es china, pero es inequívocamente una espada japonesa.- explicó la mujer de Battousai

-         Muy larga, sin embargo...- intervino el amigo de su ‘hermano’

-         Demasiado para ser de periodo Edo, es más bien un tachi antiguo, de la era Sengoku.- el policía parecía ser un buen conocedor.

-         ¿Y eso que quiere decir?- preguntó la doctora

-         Qué alardea.- respondió el peleador callejero, ante la diversión de Enishi que saboreaba anticipadamente el shock que les produciría verlo en acción.

-         Sin embargo la espada es demasiado buena para que solo se trate de una demostración bravucona...- la mujer de Battousai empezaba a sospechar lo que le esperaba a su amante[5].

-         Bah, los otros eran los peleadores, el es un simple pandillero, acostumbrado a extorsionar o a negociar desde cómodos sillones. Kenshin terminará con esto en cinco minutos. – la confianza excesiva del ex gangster empezaba a tornarse  hastiante.

-         Es patético que te asustes por una simple espada... Lo que cuenta no es el arma, sino si eres lo suficientemente fuerte para ganar.- intervino el policía

 

<Es cierto- pensó Enishi- Muy cierto. Y yo soy el más fuerte, porque Tomoe me sonríe. A mí y sólo a mí>

 

-         Es verdad, y mientras este tipo no sea más fuerte que Shishio, no hay forma de que Kenshin sea derrotado... Y estoy seguro que este tipo ni siquiera esta a la altura de los ayudantes de Shishio...

 

Bien, era mejor que lo subestimaran. Fue una muy sabia decisión de Asiyah no permitir que se filtrara información personal sobre sus habilidades... La sorpresa era un excelente aliado...

 

-         ¿Comenzamos?- se acomodó con dos dedos sus gafas.

-         Enishi, esos anteojos oscuros... Quítatelos, podrías resbalar, caer o en el fragor de la lucha recibir un golpe y perder la vista...

-         ¿No es conmovedor? Mi hermano se preocupa por mi bienestar... Sólo que un poco demasiado tarde... Pero no te preocupes, que no dejaré que me toques. ¡Ahora, vamos!

 

Enishi atacó.

Kenshin se elevó en el aire para responder desde arriba, pero su cuñado detuvo el contraataque con facilidad. El fragor de la lucha volvió a alejarlos de sus ‘espectadores’.

 

-         Es bueno...- comentó Megumi

-         Es cierto.- Kaoru miraba el match con atención- Puedes verlo en su fuerza física y la habilidad con la que manipula una espada tan pesada... Combina fuerza con velocidad. Y en cuanto a espíritu de lucha, no será sobrepasado por el de Kenshin. Es un espadachín de primera clase.

-         ¿Y qué con eso?- agregó Sanosuke- Kenshin esta mucho más allá de un esgrimista de primera clase... Y este tipo ni siquiera le llega a la suela de los zapatos a Shishio...

-         En eso estamos de acuerdo ahou. Este hombre tiene talento, y entrenamiento. Pero nada más.

-         Pero si no hubiese ido a China y hubiese estudiado kenjutsu... - <... posiblemente hubiese sido tan bueno como Kenshin...se nota en sus